José Ortega y Gasset define masa como todo aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente «como todo el mundo» y, sin embargo, no se angustia, se siente bien al sentirse idéntico a los demás. Ésta existe en todos los estratos sociales y constituye siempre la mayoría, el grueso del electorado.
Es común notar en la mayoría de los que tienen una postura firme y decidida frente al TLC —en ambos bandos— rasgos característicos de lo que Ortega y Gasset llama masa rebelde. Ésta se cree con derecho a tener una opinión sobre el asunto sin previo esfuerzo para forjársela, decide contentarse con el repertorio de ideas que encuentra dentro de sí y se considera intelectualmente completa, plena. En palabras de este autor, ésta «ha perdido el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene dentro cuanto hace falta? Ya no es razón de escuchar, sino, al contrario, de juzgar, de sentenciar, de decidir.»
Dice el autor que «quien quiera tener ideas, necesita antes disponerse a querer la verdad y aceptar las reglas de juego que ella imponga». Para poder cocinarse una opinión verdaderamente propia es necesario también cuestionar cada discurso —de cualquier postura—, plantearse constantemente interrogantes que pongan en duda la propia plenitud intelectual o la veracidad del discurso. Plantearse simples interrogantes que sean propias, como por ejemplo: «si Estados Unidos no pretende continuar con la iniciativa de la Cuenca del Caribe, ¿por qué no usar su terminación como medida de presión para la aprobación del Tratado?», «¿qué tanto depende del Gobierno y qué tanto del I.C.E. la calidad de los servicios de éste?» o «¿implicará la competencia del sector público con el privado cambios meramente positivos en la calidad, seguridad, precio y accesibilidad de este servicio (el que se esté analizando) en cuestión?», es requisito indispensable.
¿Cómo está nuestra fe en la masa, que será, a fin de cuentas, la que determine el futuro del TLC? ¿Qué tanto confiamos en ella, que a diario se ve manipulada no sólo por los medios de comunicación, sino también en su lugar de trabajo? Lastimosamente, es una realidad que en ambos frentes, muchos patronos y dirigentes sindicales están sacando tiempo, en una cruzada por votos, para «discutir sobre el TLC» con cada empleado o sindicalista y manipularlos así en favor de sus intereses —con discursos tan extremistas y absurdos como los de «sin el TLC, no va a haber trabajo; su familia tiene que comer» o el de «defendamos a Costa Rica de los nuevos filibusteros…»—, y están además coaccionando o «convenciendo» a muchos para que asistan a las marchas de su posición o no asistan a las de la posición contraria —repito: en ambos bandos—.
El no estar tan seguro como don Jaques Sagot de que los de la masa no vivimos en el mito de la caverna ni estamos dormidos hace que me sienta un poco más conciente, y me hace pensar —soñar— que talvez exista una mínima porción de mis ideas y opiniones que realmente me pertenezcan a pesar de sentir que no me he esforzado lo suficiente —nunca es suficiente— por cocinarlas por mí mismo.
Lo cierto es que la puerta está abierta para una guerra de información/desinformación en los medios de comunicación y sutiles cacerías de brujas psicológicas en los círculos familiares, laborales, educativos y demás — en ambas posturas—, dignas de la Guerra Fría, así como miles de cruzadas por votos en los distintos círculos, pues hay muchísimos intereses de por medio. Qué gane el (que manipule) mejor (a la masa), y Dios quiera que lo que decida la masa sea lo mejor para Costa Rica.
Este documento fue enviado a Opinión de La Nación, el día 30/04/2007 a las 10:29 p.m. Lo publico aquí mientras “espero a que lo publiquen en La Nación”……
Es común notar en la mayoría de los que tienen una postura firme y decidida frente al TLC —en ambos bandos— rasgos característicos de lo que Ortega y Gasset llama masa rebelde. Ésta se cree con derecho a tener una opinión sobre el asunto sin previo esfuerzo para forjársela, decide contentarse con el repertorio de ideas que encuentra dentro de sí y se considera intelectualmente completa, plena. En palabras de este autor, ésta «ha perdido el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene dentro cuanto hace falta? Ya no es razón de escuchar, sino, al contrario, de juzgar, de sentenciar, de decidir.»
No es necesario realizar un análisis muy profundo para constatar que la masa que adopta una postura firme frente al TLC no hace más que adquirir, en una suerte de eclecticismo, los argumentos y conclusiones ya cocinados de esa posición que más le favorecen o con los que más se identifica, y conforma con esto «su opinión». Pero poco hace por forjar —cocinar— esa opinión que llama suya, pues rara vez ha leído algún artículo del Tratado propiamente —con las ideas crudas—, o documentos como el Informe de los Notables —con ideas a media cocción—. Como si fuera poco, se cree a sí misma con verdadero criterio propio —con capacidad para discernir entre lo verdadero y lo falso en cualquier discurso parcializado, entre lo objetivo y lo subjetivo en cualquier emisor—, pero, lamentablemente, éste no es más que una colección de prejuicios o cabos de ideas adoptados, en su mayoría de entre los que se manejan en esa posición.
Ortega y Gasset aclara que «no se trata de que el hombre masa sea tonto. Por el contrario, el actual es más listo, tiene más capacidad intelectiva que el de ninguna otra época. Pero esa capacidad no le sirve de nada; en rigor, la vaga sensación de poseerla le sirve sólo para cerrarse más en sí y no usarla.»Dice el autor que «quien quiera tener ideas, necesita antes disponerse a querer la verdad y aceptar las reglas de juego que ella imponga». Para poder cocinarse una opinión verdaderamente propia es necesario también cuestionar cada discurso —de cualquier postura—, plantearse constantemente interrogantes que pongan en duda la propia plenitud intelectual o la veracidad del discurso. Plantearse simples interrogantes que sean propias, como por ejemplo: «si Estados Unidos no pretende continuar con la iniciativa de la Cuenca del Caribe, ¿por qué no usar su terminación como medida de presión para la aprobación del Tratado?», «¿qué tanto depende del Gobierno y qué tanto del I.C.E. la calidad de los servicios de éste?» o «¿implicará la competencia del sector público con el privado cambios meramente positivos en la calidad, seguridad, precio y accesibilidad de este servicio (el que se esté analizando) en cuestión?», es requisito indispensable.
¿Cómo está nuestra fe en la masa, que será, a fin de cuentas, la que determine el futuro del TLC? ¿Qué tanto confiamos en ella, que a diario se ve manipulada no sólo por los medios de comunicación, sino también en su lugar de trabajo? Lastimosamente, es una realidad que en ambos frentes, muchos patronos y dirigentes sindicales están sacando tiempo, en una cruzada por votos, para «discutir sobre el TLC» con cada empleado o sindicalista y manipularlos así en favor de sus intereses —con discursos tan extremistas y absurdos como los de «sin el TLC, no va a haber trabajo; su familia tiene que comer» o el de «defendamos a Costa Rica de los nuevos filibusteros…»—, y están además coaccionando o «convenciendo» a muchos para que asistan a las marchas de su posición o no asistan a las de la posición contraria —repito: en ambos bandos—.
El no estar tan seguro como don Jaques Sagot de que los de la masa no vivimos en el mito de la caverna ni estamos dormidos hace que me sienta un poco más conciente, y me hace pensar —soñar— que talvez exista una mínima porción de mis ideas y opiniones que realmente me pertenezcan a pesar de sentir que no me he esforzado lo suficiente —nunca es suficiente— por cocinarlas por mí mismo.
Lo cierto es que la puerta está abierta para una guerra de información/desinformación en los medios de comunicación y sutiles cacerías de brujas psicológicas en los círculos familiares, laborales, educativos y demás — en ambas posturas—, dignas de la Guerra Fría, así como miles de cruzadas por votos en los distintos círculos, pues hay muchísimos intereses de por medio. Qué gane el (que manipule) mejor (a la masa), y Dios quiera que lo que decida la masa sea lo mejor para Costa Rica.
Este documento fue enviado a Opinión de La Nación, el día 30/04/2007 a las 10:29 p.m. Lo publico aquí mientras “espero a que lo publiquen en La Nación”……
No hay comentarios.:
Publicar un comentario