miércoles, 15 de junio de 2011

Conciencia ambiental y voluntad política

Sin considerarme 'ambientalista' (en el sentido extremo y peyorativo del artículo del Ing. César Monge Conejo) ni querer entrar en polémica por detalles, me parece que el asunto del estado de nuestros recursos naturales es simple:

Si existiera realmente en nuestros líderes conciencia y voluntad política de 'tener los recursos suficientes para darles verdadera protección' al 10%, 20% ó 25% de nuestros bosques, ya se habrían girado o se estarían girando más recursos y se habrían impulsado o se estarían impulsando acciones/campañas/leyes que no sólo les permitieran a las áreas protegidas generar por sí mismas más recursos (cobrando tarifas mayores de admisión y distribuyendo mejor los ingresos entre las diferentes áreas, incentivando el turismo natural, tanto local como de extranjeros, en las áreas menos populares), sino que también les ayudaran en el combate de la deforestación y la cacería ilegal (endureciendo las sanciones/penas, aumentando la colaboración interinstitucional, promulgando campañas que involucren a los pueblos aledaños).

El resto son excusas y dobles discursos, y no creo que renunciar a parte de nuestras áreas protegidas o dar luz verde a explotar indiscriminadamente algunos de nuestros recursos naturales haga muchísima diferencia en la insostenibilidad del desarrollo de un país con un seudo-modelo de desarrollo ya de por sí insostenible; un país en el cual la voluntad política de nuestros líderes tiene varios años de estar divorciada de esa identidad ‘ambientalista’ del pueblo.

«Nos hace falta un líder firme y honesto que evalúe nuestros planes ambientales con una visión de largo plazo y amplio alcance», reza el comentario del Ing. César Monge Conejo. Nos hacen faltan líderes que convenzan, con argumentos buenos y honestos, al pueblo y a los 'ambientalistas', que se sienten con ellos a planificar; no líderes que anden viendo cómo se los 'bailan', cómo le sacan el mayor provecho a nuestros recursos naturales en el menor plazo posible sin reparar en la sostenibilidad de estas actividades. Esa sostenibilidad debe ser evaluada al planificar con «visión de largo plazo y amplio alcance»: un arte que nuestros líderes aún desconocen.

Un gobierno que le declara la guerra a los ambientalistas es un gobierno que no comprende el concepto de sostenibilidad.

sábado, 6 de octubre de 2007

06/10/07: El día después de mañana

El día después de mañana, se empezará a vislumbrar quiénes realmente se sienten comprometidos con el desarrollo del país como un todo: tanto económica como socialmente. Caerán las máscaras y se harán evidentes los verdaderos intereses o desintereses, en la acción directa o en la pasividad de la indiferencia. Porque será a partir de mañana que, debiendo aceptar la ineludible voluntad de la mayoría, de la masa, empiece el verdadero trabajo.

Más importante que lo que se decida mañana será lo que se haga después dicha decisión: las acciones que se tomen para garantizar un verdadero desarrollo socioeconómico y fortalecimiento de Costa Rica, se apruebe o no el instrumento de doble filo en el que se podría convertir el TLC.

El día después de mañana, los mediocres culparán de todo lo negativo que trascienda en el país a la aprobación o a la no aprobación del TLC, dependiendo del bando con el que se hayan sentido identificados. Serán ellos los que, como fanáticos de fútbol tras un partido, celebrarán sintiéndose victoriosos o se lamentarán al creerse derrotados, cuando escuchen el resultado. Imposibilitados de abstraerse a la verdadera colectividad, no concebirán la idea de que dicho resultado, lejos de dar la razón a alguno, únicamente reflejará la ‘opinión’ de la masa al respecto.

Sintiendo que ya ha cumplido con todo su deber, que su papel en el desarrollo del país termina después del referendo, la masa se limitará a sentarse y observar —si acaso— las consecuencias de esta disposición colectiva, elogiando o censurando las decisiones que se tomen al respecto, nunca comprendiéndolas o participando activamente en ellas.

La decisión más importante que pueda tomar el costarricense será la que tome después del 7 de Octubre, cuando decida cómo lidiar con el resultado del referendo y qué papel está dispuesto a desenvolver en el desarrollo socioeconómico de su nación...

... cuando decida si, oponiéndose a lo que decida la mayoría, se convertirá en parte del problema, o, respetando con humildad la voluntad popular, luchará por ser parte de la solución.
OSR



«La pura verdad es que en el mundo pasa en todo instante, y, por tanto, ahora, infinidad de cosas. La pretensión de decir qué es lo que ahora pasa en el mundo ha de entenderse, pues, como ironizándose a sí misma. Mas por lo mismo que es imposible conocer directamente la plenitud de lo real, no tenemos más remedio que construir arbitrariamente una realidad, suponer que las cosas son de cierta manera.»

«Vivir es sentirse ‘fatalmente’ forzado a ejercitar la ‘libertad’, a decidir lo que vamos a ser en este mundo. Ni un solo instante se deja descansar a nuestra actividad de decisión. Inclusive cuando desesperados nos abandonamos a lo que quiera venir, hemos decidido no decidir. »
José Ortega y Gasset


domingo, 13 de mayo de 2007

TLC a referéndum: ¿Cómo está nuestra fe en la 'masa'?

José Ortega y Gasset define masa como todo aquel que no se valora a sí mismo —en bien o en mal— por razones especiales, sino que se siente «como todo el mundo» y, sin embargo, no se angustia, se siente bien al sentirse idéntico a los demás. Ésta existe en todos los estratos sociales y constituye siempre la mayoría, el grueso del electorado.

Es común notar en la mayoría de los que tienen una postura firme y decidida frente al TLC —en ambos bandos— rasgos característicos de lo que Ortega y Gasset llama masa rebelde. Ésta se cree con derecho a tener una opinión sobre el asunto sin previo esfuerzo para forjársela, decide contentarse con el repertorio de ideas que encuentra dentro de sí y se considera intelectualmente completa, plena. En palabras de este autor, ésta «ha perdido el uso de la audición. ¿Para qué oír, si ya tiene dentro cuanto hace falta? Ya no es razón de escuchar, sino, al contrario, de juzgar, de sentenciar, de decidir.»

No es necesario realizar un análisis muy profundo para constatar que la masa que adopta una postura firme frente al TLC no hace más que adquirir, en una suerte de eclecticismo, los argumentos y conclusiones ya cocinados de esa posición que más le favorecen o con los que más se identifica, y conforma con esto «su opinión». Pero poco hace por forjar —cocinar— esa opinión que llama suya, pues rara vez ha leído algún artículo del Tratado propiamente —con las ideas crudas—, o documentos como el Informe de los Notables —con ideas a media cocción—. Como si fuera poco, se cree a sí misma con verdadero criterio propio —con capacidad para discernir entre lo verdadero y lo falso en cualquier discurso parcializado, entre lo objetivo y lo subjetivo en cualquier emisor—, pero, lamentablemente, éste no es más que una colección de prejuicios o cabos de ideas adoptados, en su mayoría de entre los que se manejan en esa posición.

Ortega y Gasset aclara que «no se trata de que el hombre masa sea tonto. Por el contrario, el actual es más listo, tiene más capacidad intelectiva que el de ninguna otra época. Pero esa capacidad no le sirve de nada; en rigor, la vaga sensación de poseerla le sirve sólo para cerrarse más en sí y no usarla.»

Dice el autor que «quien quiera tener ideas, necesita antes disponerse a querer la verdad y aceptar las reglas de juego que ella imponga». Para poder cocinarse una opinión verdaderamente propia es necesario también cuestionar cada discurso —de cualquier postura—, plantearse constantemente interrogantes que pongan en duda la propia plenitud intelectual o la veracidad del discurso. Plantearse simples interrogantes que sean propias, como por ejemplo: «si Estados Unidos no pretende continuar con la iniciativa de la Cuenca del Caribe, ¿por qué no usar su terminación como medida de presión para la aprobación del Tratado?», «¿qué tanto depende del Gobierno y qué tanto del I.C.E. la calidad de los servicios de éste?» o «¿implicará la competencia del sector público con el privado cambios meramente positivos en la calidad, seguridad, precio y accesibilidad de este servicio (el que se esté analizando) en cuestión?», es requisito indispensable.

¿Cómo está nuestra fe en la masa, que será, a fin de cuentas, la que determine el futuro del TLC? ¿Qué tanto confiamos en ella, que a diario se ve manipulada no sólo por los medios de comunicación, sino también en su lugar de trabajo? Lastimosamente, es una realidad que en ambos frentes, muchos patronos y dirigentes sindicales están sacando tiempo, en una cruzada por votos, para «discutir sobre el TLC» con cada empleado o sindicalista y manipularlos así en favor de sus intereses —con discursos tan extremistas y absurdos como los de «sin el TLC, no va a haber trabajo; su familia tiene que comer» o el de «defendamos a Costa Rica de los nuevos filibusteros…»—, y están además coaccionando o «convenciendo» a muchos para que asistan a las marchas de su posición o no asistan a las de la posición contraria —repito: en ambos bandos—.

El no estar tan seguro como don Jaques Sagot de que los de la masa no vivimos en el mito de la caverna ni estamos dormidos hace que me sienta un poco más conciente, y me hace pensar —soñar— que talvez exista una mínima porción de mis ideas y opiniones que realmente me pertenezcan a pesar de sentir que no me he esforzado lo suficiente —nunca es suficiente— por cocinarlas por mí mismo.

Lo cierto es que la puerta está abierta para una guerra de información/desinformación en los medios de comunicación y sutiles cacerías de brujas psicológicas en los círculos familiares, laborales, educativos y demás — en ambas posturas—, dignas de la Guerra Fría, así como miles de cruzadas por votos en los distintos círculos, pues hay muchísimos intereses de por medio. Qué gane el (que manipule) mejor (a la masa), y Dios quiera que lo que decida la masa sea lo mejor para Costa Rica.


Este documento fue enviado a Opinión de La Nación, el día 30/04/2007 a las 10:29 p.m. Lo publico aquí mientras “espero a que lo publiquen en La Nación”……