Sin considerarme 'ambientalista' (en el sentido extremo y peyorativo del artículo del Ing. César Monge Conejo) ni querer entrar en polémica por detalles, me parece que el asunto del estado de nuestros recursos naturales es simple:
Si existiera realmente en nuestros líderes conciencia y voluntad política de 'tener los recursos suficientes para darles verdadera protección' al 10%, 20% ó 25% de nuestros bosques, ya se habrían girado o se estarían girando más recursos y se habrían impulsado o se estarían impulsando acciones/campañas/leyes que no sólo les permitieran a las áreas protegidas generar por sí mismas más recursos (cobrando tarifas mayores de admisión y distribuyendo mejor los ingresos entre las diferentes áreas, incentivando el turismo natural, tanto local como de extranjeros, en las áreas menos populares), sino que también les ayudaran en el combate de la deforestación y la cacería ilegal (endureciendo las sanciones/penas, aumentando la colaboración interinstitucional, promulgando campañas que involucren a los pueblos aledaños).
El resto son excusas y dobles discursos, y no creo que renunciar a parte de nuestras áreas protegidas o dar luz verde a explotar indiscriminadamente algunos de nuestros recursos naturales haga muchísima diferencia en la insostenibilidad del desarrollo de un país con un seudo-modelo de desarrollo ya de por sí insostenible; un país en el cual la voluntad política de nuestros líderes tiene varios años de estar divorciada de esa identidad ‘ambientalista’ del pueblo.
«Nos hace falta un líder firme y honesto que evalúe nuestros planes ambientales con una visión de largo plazo y amplio alcance», reza el comentario del Ing. César Monge Conejo. Nos hacen faltan líderes que convenzan, con argumentos buenos y honestos, al pueblo y a los 'ambientalistas', que se sienten con ellos a planificar; no líderes que anden viendo cómo se los 'bailan', cómo le sacan el mayor provecho a nuestros recursos naturales en el menor plazo posible sin reparar en la sostenibilidad de estas actividades. Esa sostenibilidad debe ser evaluada al planificar con «visión de largo plazo y amplio alcance»: un arte que nuestros líderes aún desconocen.